sábado, 27 de agosto de 2011

“Es que es culpa de todos”… Lo siento, mi culpa no es.

Durante este fin de semana me he dado a la tarea de dar un seguimiento oportuno a las opiniones vertidas en las redes sociales sobre lo acontecido la tarde del jueves 25 de agosto en Monterrey, Nuevo León. Desde opiniones muy interesantes, hasta aquellos opinólogos de siempre que por leer un encabezado en el periódico creen que ya pueden dar un análisis sociológico sobre un tema determinado.

De lo que si me doy cuenta es del pseudo-análisis que más indignación me causa; “es culpa de todos nosotros”. Si algo es cierto es que lo sucedido en Casino Royale fue un acto vulgar, genocida, enfermo y del cual los autores materiales del hecho, es decir los sicarios que realizaron la acción, son merecedores de los peores castigos que, dentro del marco legal, sean posibles.

No voy a ponerme a discutir si fue culpa del municipio por permitir que el establecimiento funcionara sin las medidas de seguridad mínimas, ni si fue culpa de Santiago Creel por autorizar la actividad de este tipo de giros durante su gestión al Frente de la SEGOB o de que no hubiera ninguna autoridad policial cercana al lugar que se diera cuenta de los hechos, aún en una de las avenidas más importantes de Monterrey. Voy a terminar con el debate de que es mi culpa, de que es tu culpa y la de todos los mexicanos.

No es mi culpa que Felipe Calderón haya sacado al ejército de los cuarteles, ni mandar a una policía federal inepta, corrupta e ineficaz a las calles a combatir vicios de los cuales son parte. No es mi culpa que los gobiernos estatales sean corruptos, obesos e ineficaces y que las policías locales estén coludidas con los criminales. No es mi culpa, por que yo salgo todos los días a trabajar por mi país, por mi gente y por mi pueblo. No es mi culpa que el gobierno federal permita que personajes como Elba Esther Gordillo dirijan la mediocre educación en nuestro país, ni mucho menos que por rapiña política se alíen con ella para ganar una elección. No es mi culpa que Peña Nieto, o Ebrard, o Lujambio la busquen para aliarse y ganar una elección. No es mi culpa que yo, que me manifesté por un fraude electoral evidente en 2006, me hayan tachado de loco y alborotador.

Yo no pedí esta guerra, yo no avalo esta guerra, yo voté y pedí en 2006 un proyecto alternativo, un proyecto de desarrollo, de oportunidades, de modernidad y de cambio estructural en nuestro país. Yo pedí que mis autoridades tuvieran liderazgo, tuvieran un proyecto, nos dieran esperanza de un México mejor. Y cuando salí y me manifesté al lado de millones de personas pues me habían robado ese sueño de un país mejor me tacharon de loco, de alzado y hoy me dicen que además, es culpa tuya, y culpa mía y culpa de todos la violencia sin escrúpulos que se vive en nuestro México.

Más que nunca, hoy me da tristeza mi país, y más la mediocridad de aquellos que creen que cambiarán algo diciendo que es culpa de todos. La única culpa que tenemos es por permitir que el actual gobierno continúe sin una estrategia, que se imponga una táctica de aterrorizar a la población, un estado policial; la desmemoria de nuestra América Latina que hace 30 años estaba inmersa en ese tipo de dictaduras militares, las que como ocurrió hace un par de semanas, entraban en las casas a arrestar, robar y amedrentar sin preguntar, pregúntenle a Don Efraín Bartolomé.

Pero si, lo que más me da tristeza es que me quieran culpar, tan solo por que alguien me robó mi esperanza de un país mejor.

lunes, 7 de febrero de 2011

Y de mantas hablamos..

A lo largo de este fin de semana largo me dí a la tarea de leer muchas, realmente cientos de opiniones en torno a la manta que el Diputado Fernández Noroña en la red social Twitter. En todos estos comentarios se vertían opiniones en contra y opiniones a favor. No debatiré el punto sobre las acusaciones, graves pero conocidas, que el diputado vertió; pero si entraré en el debate sobre lo que se le acusó después.

El día sábado estuve en una reunión en San Lázaro con Fernández Noroña y simpatizantes, con la sutileza de las palabras que le caracterizan nos dijo que seguiría haciendo este tipo de actos controversiales con la bandera de; corrupto al corrupto, ratero al ratero. Tremendas palabras provenientes de un diputado federal que, con muchos retractores, tiene la posibilidad de llegar a la más alta tribuna de nuestro país y gritar lo que los ciudadanos no podemos hacer en las calles. Durante este tipo de reuniones, las horas pasan y los ciudadanos seguimos hablando sin parar, se nos da un micrófono a aquellos que no podemos verter en los medios lo que pensamos, lo que sentimos sobre la desgracia y los triunfos de este país. Por ello, Noroña nos representa a algunos, a aquellos que no tenemos voz y queremos gritar que este país está mal.

Como académico y como político pienso y es parte de mi opinión que este tipo de acciones no benefician al movimiento Obradorista ni a la izquierda mexicana. Sin embargo, si es una salida para aquellos que lo pensamos y quisiéramos gritarle ratero al ratero y corrupto al corrupto. Las reacciones de los retractores de la izquierda no se hicieron esperar; la hipocresía de aquellos que pedían respeto a la “investidura presidencial” con corta diferencia de cortesanos gritando ¡Viva el Rey!

Siempre se me ha hecho interesante a la hora de dabitis contra detractores de la izquierda en México preguntar 3 cosas del por qué desprecian a Andrés Manuel. Pocos saben contestar, algunos hasta confunden términos básicos como gobierno y Estado; otros solo repiten aquellas palabras de “Obrador es un peligro para México”.

Y así aquellos que no conocen la izquierda y tampoco conocen la derecha debaten con lo que escuchan, sin un análisis profundo de una realidad ideológica en la que se ven envueltos; actitud superestructural dirían los teóricos marxistas. Me considero de izquierda y la defiendo, y la critico cuando se equivoca pero como académico es algo traumático escuchar palabras de aquellos poco interesados en la política cuando critican las cosas sin conocer, amo el debate y es poco común encontrar aquel que debate con argumentos. Hoy por hoy, el problema de nuestro México es que no hay argumentos, en ocasiones ni la izquierda ni la derecha los tiene para explicar determinada situación, aún así siento que las ideologías a favor del bienestar de la gente tienen más argumentos para exigir una mejor sociedad. Como mexicano los invito a defender aquellos derechos que a los líderes que construyeron este país desde su origen les costaron en ocasiones hasta la vida, los invito a no permitir arbitrariedades como coartar la libertad de externar lo que está mal, y menos para aquellos que tienen la oportunidad de estar atrás de un micrófono y poner en debate algo que debería ser tema de importancia nacional y no la causa de la hipocresía a favor de una investidura que no, no existe.