Durante este fin de semana me he dado a la tarea de dar un seguimiento oportuno a las opiniones vertidas en las redes sociales sobre lo acontecido la tarde del jueves 25 de agosto en Monterrey, Nuevo León. Desde opiniones muy interesantes, hasta aquellos opinólogos de siempre que por leer un encabezado en el periódico creen que ya pueden dar un análisis sociológico sobre un tema determinado.
De lo que si me doy cuenta es del pseudo-análisis que más indignación me causa; “es culpa de todos nosotros”. Si algo es cierto es que lo sucedido en Casino Royale fue un acto vulgar, genocida, enfermo y del cual los autores materiales del hecho, es decir los sicarios que realizaron la acción, son merecedores de los peores castigos que, dentro del marco legal, sean posibles.
No voy a ponerme a discutir si fue culpa del municipio por permitir que el establecimiento funcionara sin las medidas de seguridad mínimas, ni si fue culpa de Santiago Creel por autorizar la actividad de este tipo de giros durante su gestión al Frente de la SEGOB o de que no hubiera ninguna autoridad policial cercana al lugar que se diera cuenta de los hechos, aún en una de las avenidas más importantes de Monterrey. Voy a terminar con el debate de que es mi culpa, de que es tu culpa y la de todos los mexicanos.
No es mi culpa que Felipe Calderón haya sacado al ejército de los cuarteles, ni mandar a una policía federal inepta, corrupta e ineficaz a las calles a combatir vicios de los cuales son parte. No es mi culpa que los gobiernos estatales sean corruptos, obesos e ineficaces y que las policías locales estén coludidas con los criminales. No es mi culpa, por que yo salgo todos los días a trabajar por mi país, por mi gente y por mi pueblo. No es mi culpa que el gobierno federal permita que personajes como Elba Esther Gordillo dirijan la mediocre educación en nuestro país, ni mucho menos que por rapiña política se alíen con ella para ganar una elección. No es mi culpa que Peña Nieto, o Ebrard, o Lujambio la busquen para aliarse y ganar una elección. No es mi culpa que yo, que me manifesté por un fraude electoral evidente en 2006, me hayan tachado de loco y alborotador.
Yo no pedí esta guerra, yo no avalo esta guerra, yo voté y pedí en 2006 un proyecto alternativo, un proyecto de desarrollo, de oportunidades, de modernidad y de cambio estructural en nuestro país. Yo pedí que mis autoridades tuvieran liderazgo, tuvieran un proyecto, nos dieran esperanza de un México mejor. Y cuando salí y me manifesté al lado de millones de personas pues me habían robado ese sueño de un país mejor me tacharon de loco, de alzado y hoy me dicen que además, es culpa tuya, y culpa mía y culpa de todos la violencia sin escrúpulos que se vive en nuestro México.
Más que nunca, hoy me da tristeza mi país, y más la mediocridad de aquellos que creen que cambiarán algo diciendo que es culpa de todos. La única culpa que tenemos es por permitir que el actual gobierno continúe sin una estrategia, que se imponga una táctica de aterrorizar a la población, un estado policial; la desmemoria de nuestra América Latina que hace 30 años estaba inmersa en ese tipo de dictaduras militares, las que como ocurrió hace un par de semanas, entraban en las casas a arrestar, robar y amedrentar sin preguntar, pregúntenle a Don Efraín Bartolomé.
Pero si, lo que más me da tristeza es que me quieran culpar, tan solo por que alguien me robó mi esperanza de un país mejor.
sábado, 27 de agosto de 2011
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
